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El baile

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El baile

“El baile” es una novela del polifacético Edgar Neville llevada al teatro en 1952 y al cine en 1959, y en ambos casos, tuvo como protagonista a su compañera sentimental Conchita Montes. Tuve con ambos cierta amistad y una hermosa anécdota allá por los años sesenta, cuando Neville ya tenía muchos problemas de salud, pero intacto su ingenio que repartía entre la literatura, la dirección de cine y teatro, sus colaboraciones en “La Codorniz” y un montón de cosas más.

 

Conchita no le iba a la zaga y amén de una gran actriz era una persona extremadamente culta que, muy poca gente lo recuerda, elaboraba para “La Codorniz” El damero maldito, una suerte de crucigrama tremendamente complicado puesto que las repuestas se repartían en casilleros, como sus homólogos, pero la dirección de las letras podía tomar la trayectoria de cualquiera de las piezas de ajedrez. Verdaderamente peliagudo. Hoy resucito el título de la novela de Neville y el damero de Conchita, para hacer una analogía con los candidatos de los distintos partidos a las próximas elecciones.

Se dirán ustedes, amables y pacientes lectores, cuán complicada es la puesta en escena de mi reflexión pero verán, conforme avanza el artículo, que era la mejor forma de exponer mi pensamiento. Y para que nada les confunda hablaré siempre en genérico obviando repetir: el candidato y la candidata, las ciudadanas y los ciudadanos…  refiriéndome siempre a ambos sexos.

Nada más liquidarse esta legislatura, incluso antes, todos los partidos se apresuraron en la búsqueda de candidatos que hicieran atractiva y creible su lista. Al principio juraron que esta vez la cosa sería distinta a los que habíamos visto en anteriores elecciones y que sería la ciudadanía, los simpatizantes o la base de los partidos quienes escogerían a los más idóneos para confeccionar sus elencos. Entre las promesas y las proposiciones estaba la de que ningún candidato imputado, sospechoso o abiertamente corrupto, estaría entre los nombres de ninguna formación. Algunos aseguraban que no recogerían a los excedentes y prófugos de otros partidos y casi todos se juramentaban para no incluir en sus propuestas ni a los inútiles ni a los tontos útiles.
El Pueblo y los militantes de los partidos se frotaron las manos esperanzados. ¡Al fin había llegado la cordura!, los más honrados, capaces y responsables ocuparían los puestos, haciendo tan sugerentes las listas de unos y de otros que nos sería difícil a los votantes saber a quién votar. No importaría si el descolocado de turno fuese un barón del partido, un octopus de ocho brazos, un trepa o el niñato a quien su padre consigue meter en las listas mediante una importante donación al partido. Tampoco los amigos ni los compañeros de colegio, si no tenían las cualidades ni la honradez suficiente para representar a los votantes. Pero en cuanto empezó el baile todo cambió.

Las promesas han sido convenientemente matizadas y de nuevo han aparecido las fuerzas ocultas de los que tienen agarrados por los cataplines a los primeros espadas de sus respectivos partidos; los trásfugas; los amiguetes; los compañeros de colegio; los incombustibles; los socios, y otras especies del mundo político. Y no pasaría nada si fuesen dignos de llevar la candida, es decir, la toga blanca que lucían los candidatos al senado y a las magistraturas romanas, y que significaba honradez. Sin embargo, las togas de muchos de estos “amigos” son de otro estilo y no precisamente de color blanco.

Y como en el damero maldito de Conchita, saltan de ideología y de formación política según conviene. Hoy pueden ser fervientes nacionalistas o regionalistas y aparecer en las listas del PP y de Ciudadanos. Corruptos enmendados que, no obstante, no devuelven ni un duro. Los hay que militaron en partidos de izquierda y terminan en la derecha más recalcitrante, y viceversa. Abundan los que se integran en partidos que hace un año ponían a parir y les exigían renovación y transparencia. Y todo esto es entendible: hay que seguir “chupando teta”. Lo que ya es incomprensible es que los partidos que los recepcionan lo hacen colocándoles en sus listas sin consultar a sus bases y menos a sus votantes, en los lugares y cabeceras que decide el líder de turno, el único apto para saber lo que más le conviene al Pueblo.

Por supuesto que hay nuevas incorporaciones de gentes capaces que pueden transformar la política y eso es aplaudible, siempre que sean aceptados por el conjunto de los militantes y no por el dirigente o las ejecutivas, porque si el candidato es válido y honesto, no tendrá muchos opositores. Solo hay una formación política, que este articulista conozca, cuyos candidatos han sido elegidos realmente, y sin subterfugios, por votación popular abierta a todos los ciudadanos que han querido participar en ellas y se trata de las candidaturas y las coaliciones electorales de Izquierda Unida. Pero, en general, tendremos listas de personajes colocados por la puerta de atrás – luego nos extrañamos de que salgan por puertas giratorias – y de viejos militantes con las manos manchadas por especulaciones y corrupciones; personajes que hacen el salto del caballo, el recorrido del alfil o el enroque de la torre, incluso que tienen la versatilidad de la reina. Todos bailando sobre el tablero de siempre y protegiendo al rey. Invariables.

Empezó el baile queridos amigos, no sean cándidos. Ni el propio Edgar Neville se libraba, había estudiado en el colegio del Pilar de Madrid. Sin embargo, se trataba de un hombre culto e inteligente que nos hizo reír con sus comedias y llorar en sus dramas, igual que algunos candidatos que ocultan bajo sus blancascandidas los más grises pensamientos y lo digo en su doble acepción de oscuros y simples. Mientras tanto, ellos siguen saltando por el tablero y ustedes y yo escuchándoles con escepticismo

Mejorar la Constitución

Un nuevo artículo para las próximas elecciones de diciembre

 

Origen: Mejorar la Constitución

 

Mejorar la Constitución

En esta tercera entrega de aquellas medidas necesarias para la próxima legislatura, selecciono por su importancia la necesidad de un cambio constitucional. Podrían decirme que, ante las necesidades urgentes que tenemos los españoles, esta no es una cuestión prioritaria. Nada de eso, la reforma de nuestra carta magna supondría sentar las bases para asegurar un futuro mejor.

La Constitución, pese a lo que se diga, no debe ser un convenio que perdure a través de los tiempos mientras la sociedad cambia o aspira a nuevos enfoques, la Constitución es ante todo ley de leyes y las legislaciones deben cambiar a medida que la voluntad popular lo requiere. Tampoco se trata de, en palabras de otros, abrir el melón sin ton ni son. Se trata de adecuarla a los tiempos y en beneficio de todos.

Desde su promulgación a finales de 1978 solo ha tenido un cambio de infausta memoria en su artículo 135 y fue para satisfacer y dar seguridad a especuladores y al poder económico. Para llegar a consensuar unos acuerdos que integraran  a casi todos, tuvo que ser en su día: extensa, ambigua y muy condescendiente con las herencias que nos dejaba la dictadura. La premura con la que los ponentes constitucionales tuvieron que trabajar dejó tantos puntos deslavazados que debemos felicitarnos por haber llegado hasta aquí sin morder de la fruta prohibida, salvo para entregar parte de ella a la ferocidad de los mercados,

Sin embargo, todo ha cambiado. Hemos perdido inocencia y hemos ganado en madurez política. Mientras que otros perdían vergüenza y ganaban privilegios. Por eso es necesario reeditar y volver a articular algunos puntos de nuestra carta magna y modificar algunas leyes para mantener la intención y la bondad de los enunciados de sus artículos. Es aventurado por mi parte recomendar o enmendar a los próceres de la patria; no obstante, tal vez les interese la opinión de un votante.

Para los derechos fundamentales que contempla en artículo primero, hay que modificar el artículo 16 para que España sea un Estado Laico porque es necesaria la separación de las administraciones civiles de las religiosas, sin menoscabo de la práctica de las distintas creencias religiosas o el agnosticismo y ateísmo de cada uno de forma individual.

Para mantener el espíritu del artículo 23 del mismo título I donde habla de los derechos de participación en los asuntos públicos y su acceso, se debería cambiar el actual sistema aplicado la llamada Ley d’Dont (del siglo XIX) y permitir un reparto más equitativo de la representación, no en el mínimo del 3%, pero sí en el de prorrateo.

En el artículo 34, referente a las fundaciones, tampoco es necesario cambiar el enunciado, pero sí la ley que lo regula y la ley de sociedades: hay demasiadas SICAV y asociaciones teóricamente sin  ánimo de lucro camufladas entre ellas.

Entramos ahora en la más controvertida de mis opiniones, la que afecta al Título II referido a la corona. El pueblo español, por esa madurez que antes comentaba, tiene derecho a poder elegir también a su jefe de Estado. La jefatura del estado es  una figura representativa y es lógico poder votar a quien más convenga, aun a riesgo de equivocarnos. Por tanto debe preverse a final de la legislatura  un referéndum –  a pesar de que en este país se tiene poca costumbre y mucho miedo a preguntarle a la gente lo qué opina – para que la sociedad española decida entre República o Monarquía. Ya sé que me dirán que hay cosas más urgentes, por eso aplazo para dentro de cuatro años, aunque no debe prolongarse más allá. Que a estas alturas estemos todavía  hablando de princesas de Asturias o de herederos varones todavía no natos significa, para este articulista,  un estancamiento en figuras y sistemas  obsoletos. No obstante, el Pueblo, único soberano, debe tener la palabra.

En el título VIII que se refiere a la Organización Territorial del Estado, no queda más remedio que modificarlo si aspiramos a seguir siendo el Estado del enunciado, completo y solidario. La transformación a un Estado Federal  es necesaria y urgente. Se dirá que el actual sistema de la Comunidades Autónomas les da más derechos que cualquier estado federal de otros países. Esta afirmación no tiene a menudo en cuenta las necesidades sentimentales, culturales, incluso las pasiones políticas de las distintas comunidades. La federación implica que las diversas colectividades que forman un estado, sin ceder su autonomía de acción en su territorio, se federan al conjunto por interés general. No importa si cada uno de los cuerpos federados se sienten a sí mismos: nación, estado o provincia; todos tienen iguales derechos y obligaciones, sin inmiscuirse ni menospreciar la diferencia ni la diversidad de los otros.

Tiene que ser compatible el promover distintas acciones territoriales, en función de la  incuestionable idiosincrasia de cada uno y, al propio tiempo, no perjudicar a otros y procurar el bienestar general de todo el Estado que les acoge. Y siempre bajo el principio de la solidaridad y de la justicia, es decir, lo que ya está escrito en el artículo 149 del título VIII actualizado con anulación la de su apartado número 32, incongruente con lo expuesto. Y, por supuesto, con la eliminación del ya famoso artículo 155, porque los conflictos entre federados y federación  deben resolverse en una verdadera cámara territorial – para lo que no sirve el actual Senado – o con conversaciones con el gobierno federal, obligando al gobierno central a velar  ante un trance complicado. La independencia política, la honestidad y el buen criterio del Tribunal Constitucional, siguen siendo indispensables para los casos extremos de interpretación, pero sin que el partido gobernante pueda ni deba influir en sus resoluciones.

Hay bastantes más cosas que reformar en nuestra Constitución  pero, de momento, hay faena de sobras para los próximos cuatro años. Trabajo parecido tiene los partidos políticos para adecuar sus estatutos a la democracia, a la libertad real  y al derecho a elegir y ser elegidos que, a buen seguro, reclaman a la Constitución y que ellos no practican en sus organizaciones. Tampoco estamos exentos los ciudadanos de obligaciones. Hay que hacer el esfuerzo de suponer qué formación política será capaz de impulsar las mejoras de nuestra Carta Magna. Que no nos duerman con cuentos de hadas y, sobre todo, con los de príncipes y princesas. Ya somos mayorcitos.

 

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Derecho a un trabajo digno

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Derecho a un trabajo digno

Dentro de las reflexiones sobre lo que en realidad le preocupa a la gente, y que el pasado lunes empezaba con el problema de la corrupción, le sigue otro de los grandes retos para la próxima legislatura: El derecho a un trabajo digno.

 

sobra mesSaber con certeza cuántos hombres y mujeres hay en paro, cuántos están trabajando y cuántos quisieran trabajar más y mejor, pero no pueden, es imposible. En primer lugar porque nadie lo sabe, a pesar de que disfrutamos de todos los medios informáticos y de numerosos institutos sociales, encuestas oficiales, fundaciones financieras y bancarias que nos inundan con sus datos. Entrar en la guerra de los políticos que utilizan las informaciones del SEPE (Servicio Público Estatal), las de la EPA (Encuesta de Población Activa) o las del Periódico Expansión y las de las bancos y fundaciones, amén las de los organismos europeos, de la forma que más les conviene, no aporta ninguna garantía. Tampoco debemos dejarnos engañar por las cifras sesgadas por la temporalidad.

Solo hay un hecho real y significativo: Hay más parados de los que tendría que haber para que esta fuese una sociedad activa, productiva y feliz. Y eso debe arreglarse lo antes posible. Utilizar continuamente aquello de la herencia recibida o la frase enturbiada de Guindos de que “España vive una recuperación acelerada”, no soluciona el problema de la falta de trabajo ni de la calidad de los que lo tienen.

Lo único cierto es que a final de año tendremos una tasa de paro superior al 23%, que representan más de cinco millones de parados Y eso no son solo cifras, son cinco millones de españoles que necesitan y quieren trabajar, con nombres y apellidos, deudas, hijos y con poca esperanza. Pero, además, el aumento del paro afecta cinco veces más a las mujeres que a los hombres y más de la mitad de nuestros jóvenes están sin trabajo. El poco empleo creado lo es con salarios más bajos y es mucho más precario; este año solo el 8,52% de los contratos han sido indefinidos.

En el tercer trimestre de 2011, antes de las elecciones, el número de parados estaba cercano a los cinco millones (4.998) y el número de cotizantes era de 18.458.500, nunca más superado. En este tercer trimestre de 2015 los números son demasiado parecidos: 4.850.800 parados y 18.048.700 ocupados. Para que nadie me acuse de manipular cifras, incluyo al final las estadísticas de todos estos años de  EPA. Por tanto de milagro, nada. Sin embargo, algo hay de cierto, la terrible cifra de los seis millones alcanzada en el cuarto trimestre de 2012  y superada en el primer trimestre del 2013 alcanzando los 6.278.200 parados, después de año y medio de gobierno del PP, ha podido ser paliada hasta las cifras actuales, pero a costa de empleos los basura, del subempleo, de una rebaja considerable de los sueldos y de la precariedad como bandera.

tasa paroOtra de las grandes falacias es el tan cacareado aumento del salario medio en España. El salario medio de los españoles en 2011 era de 25.515 euros y ahora se presume de que está ¡cuatro años después! en 26.162€. No obstante, hay que tener en cuenta dos aspectos fundamentales: Primero, que los salarios medios y bajos han descendido y los altos y ejecutivos han aumentado y esto engaña a la estadística y a los españoles. Segundo que seguimos teniendo uno de los salarios medios más bajos y con menos crecimiento de la Europa “rica”: Alemania tiene 45.953 €, Reino Unido 44.203€, Francia 37.427€, Italia 30.463€, Holanda 48.856 €, Bélgica 46.464€ o Irlanda 34.466, con un crecimiento medio del 4%, cuando el nuestro tan solo es del 0,55%. Ya no pretendo comparar las cifras con Luxemburgo, Suecia, Noruega o Finlandia  porque ya son de otra división. Si tenemos en cuenta que los ejecutivos van cambiando de países pero mantienen salarios medios “europeos” sean de donde sean, entenderemos el porqué de lo engañoso de esta teórica subida. Para mayor abundamiento, España ostenta el infame título de ser el país de la Unión Europea donde los salarios más altos se distancian más de la media salarial y también la de tener el precio de la hora de trabajo más bajo de la zona euro con 15,70 €.

Además está el “poder adquisitivo”  de los españoles que desde el inicio de la crisis en 2008 ha caído un 2,3%. Y un último dato para que la vanagloria del Partido Popular se desmorone: El número de hogares con todos sus miembros en paro es de 1.766.300 familias, mientras que con la famosa “herencia” socialista en el 2014 era de 1.575.000, según la Encuesta de Población Activa de 27 de enero de 2012.

Me preguntaran qué soluciones hay, y a mí me gustaría tener la respuesta, pero por lo pronto es fácil de entender que hay que moverse en torno a cuatro ejes fundamentales: El salario social que apuntan ya varios partidos, organizado de forma que sea viable; el reparto de trabajo existente; fomentar la contratación juvenil con formación continuada; y eliminar la precariedad en el trabajo para que el asalariado sienta como parte suya el lugar de trabajo y no tenga una espada de Damocles constantemente pendiendo de su cabeza. Como complemento son también necesarias una serie de medidas para proteger y apoyar a la pequeña y mediana empresa y activar nuevas contrataciones.

Siguiendo con los ejes anunciados, tal vez haya llegado el momento de repartir el tiempo de trabajo. El momento de limitar la jornada laboral de una forma progresiva hasta alcanzar las 30 horas semanales, manteniendo el salario completo en los sueldos más  bajos y disminuyendo porcentualmente a los altos según duración de la jornada laboral. Me dirán que los más validos saldrán para trabajar fuera de España; no se engañen, ya lo están haciendo.  La contratación juvenil, debería tener un conjunto de medidas imaginativas y efectivas, recordemos que los dos programas de la UE: La Garantía Juvenil Europea y la Iniciativa de Empleo Juvenil, han fracasado en España. Mucho de todo eso tienen que prometer los programas electorales para hacerlos atractivos al votante. Pero luego habrá que cumplirlo.

El trabajo, amigos lectores, no debe ser un castigo ni una espera; es un derecho. Exijamos ejercerlo.

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El peso de la corrupción

Lo primero que hay que resolver:

Origen: EEEEel precio de la corrupción l peso de la corrupción

 

El 3 % es más importante de lo que pensamos: es el porcentaje que separa a una Democracia de la dictablanda de los corruptos.

 

El peso de la corrupción

En vista de que ya ha empezado la precampaña electoral y que hasta el 20 de diciembre nos van a bombardear con propuestas sin intención de cumplir y denunciándose unos a otros por faltas o excesos, este humilde articulista quiere exponer algunas de las cosas que pedirían los ciudadanos y que por no tener digno cantor ni espacio en televisión se repiten en corrillos y conversaciones privadas. Empezaré esta serie con la mayor preocupación de todos: la corrupción.

 

corrupcionBien es cierto que todos los partidos políticos y todos los candidatos se mostraran dispuestos a terminar con este monstruo de siete cabezas que parece que nos acompaña desde tiempo inmemorial. Sin embargo, en la praxis la cosa es absolutamente distinta y, o mienten en sus afirmaciones o tal vez sea que el árbol no les deja ver el bosque y no entiendan el porqué de tantas críticas al respecto.

Al principio de esta democracia heredera en vicios, protocolos, modos y jefatura de estado de la más ruin de las dictaduras que ha tenido España, nos prometían una honradez y una transparencia que iba a deslumbrar al mundo. No obstante, los ciudadanos sabedores de los peligros de las tentaciones mundanas, bancarías y empresariales, vimos, incluso defendimos, la idea de que nuestros políticos deberían estar bien pagados para evitar  instigaciones que pusieran en peligro su honradez y nuestra credibilidad. Pero el tiempo, que es al único que no se le puede engañar, ha puesto las cosas en su sitio. Son tan voraces que incluso ganando lo de Artur Mas – el mejor pagado de todos ellos -, no escaparían de la podredumbre de la corrupción. Para ello han contado y cuentan con mamporreros dispuestos a organizarles la entrada de “compensaciones”, tal vez los más ilustres sean Andreu Viloca, el rey del 3%; o Bárcenas, el reparte sobres, o el ambicioso Rodrigo Rato, aparente gran defraudador. Pero los hay a cientos, tal vez a miles, permitiendo hinchar los costos de las obras un 30, un 40 o un 50%, a cargo de las arcas comunes. Por tanto mi consejo – que no seguirán – es poner unos sueldos acordes con lo que están cobrando los trabajadores españoles, cortar de raíz el cobro de comisiones y controlar el coste de las obras públicas. Aunque les repitan unos y otros que así será, recuerden que en la práctica no se bajarán los sueldos, y dudo que renuncien a las mordidas, y darán como escusa que esto o aquello otro va para el partido; pero de ahorrar un euro a los españoles, nada.

Otra fuente de la corruptela es la entrega total a las empresas que un día fueron estatales – es decir, pagadas por todos – y pasaron a manos privadas. El Parlamento y el Gobierno, tienen la obligación de regular sus manejos; pero eso nunca llega, así pagamos lo que quieren y los conceptos que quieren de las energías de primera necesidad como la luz o el gas, y las de importancia productiva y de consumo como la gasolina; que ya se puede poner el barril de crudo a veinte céntimos que nunca llegarán sus bajadas al consumidor. Para ello esas empresas guardan sus sillones a la espera de las jubilaciones políticas para, presuntamente, agradecer los servicios prestados o para seguir disfrutando de influencias. Aquí la excusa es que los retirados tienen derecho a seguir con su vida laboral, es decir seguir cobrando sus dividendos conseguidos a costa del Pueblo. Y observen la poca vergüenza que tienen que, en plena campaña electoral, se siguen fugando ¿cerebros? a esas empresas.

Podría citar docenas de ejemplos de corrupción política pero, para no cansarles, solo les mencionaré una última: la falta de democracia real dentro de los partidos y que  trasladan a la política general colocando a mucho inútil para poder luego utilizarlos.  Es el negocio de la política y no quieren perderlo, seguirán habiendo parlamentos autonómicos sobrecargados de diputados, asesores y consejeros a manta; diputaciones provinciales y comarcas, y lo que es peor: un Senado inoperante y costosísimo. Les dirán que lo cambiarán por una verdadera cámara territorial; sin embargo, lo hubiesen podido hacer ya hace cuarenta años y lo único que han cambiado de la cámara alta es el agua de la piscina y los sueldos que han ido subiendo a pesar de la crisis.

Mi consejo es uno: honradez. Ser honestos con el Pueblo; pensar en el interés general, renunciando a los intereses particulares y a los de partido. Combatir la corrupción denunciando a los elementos que la practican sin excusas. Prohibir a quien haya ejercido un cargo público utilizar la puerta giratoria. Legislar bien para evitar abusos de las multinacionales, de la banca y de los monopolios, sean encubiertos o descarados. Establecer un sueldo justo – en sus dos acepciones – para los que ocupen cargos públicos. Independencia judicial real para evitar que la judicatura tenga “preferencias” por presión político-administrativa. Eliminar las instituciones innecesarias. Castigar con extrema severidad los casos de evasión de capitales, especialmente a quienes han prometido o jurado servir al Pueblo. Y en esta campaña ser sinceros con los votantes, aunque me temo que el peso de la corrupción ya es demasiado grande para confesar.

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Lluvia

Lluvia, poema

 

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