Categoría: Rebelde

¿Y AHORA QUÉ?

¿Y ahora qué?

La noche electoral dio alguna sorpresa, más de una satisfacción, indignación por la injusticia de la ley que la regula y sobre todo, la constancia de que el bipartidismo ha cedido votos, espacio y asientos a los nuevos partidos emergentes cambiando la fisonomía política del país y obligando a imaginar otro escenario muy distinto al que hasta ahora había tenido la política española. Sobresaltados, muchos se preguntan: ¿Y ahora qué? Ahora, amigas y amigos lectores, es el momento de que se imponga la democracia participativa.

Ni el bloque de la llamada derecha ni el de la denominada izquierda pueden formar un gobierno mayoritario. Tampoco, aunque lo digan y repitan muchas voces, es posible convocar nuevas elecciones. Y no es posible porque el partido todavía en el gobierno y el mayoritario de la oposición verían mermarse, aún más, sus pírricos resultados; y eso no les conviene. Menos perspectivas tiene cualquier pacto antinatura ni siquiera esgrimiendo dudosas razones de estado. Por tanto, no les queda otro remedio a todos que apechugar con lo que el Pueblo ha dicho en las urnas.

 

escrutinio_final

 

Para un gran número de ciudadanos, analistas políticos y medios de comunicación – convenientemente dirigidos y subvencionados -, la actual situación es ingobernable. Son todos aquellos acostumbrados a las mayorías absolutas y que aceptan lo que impone el mandatario de turno a fuerza de escaños. Son los partidarios del dirigismo formal que facilita la gobernabilidad pero también los excesos, la corrupción y las decisiones partidistas. Es la política de la consulta olímpica, es decir, cada cuatro años y que permite, dada su idiosincrasia y nombre, pasarse por el arco del triunfo lo que opina la gente.

Los resultados de ayer obligan a los partidos a alejarse de los pactos de gobierno por imposibles o por inconvenientes y abrir una perspectiva histórica menos cómoda, pero más audaz y más comprometida con la voluntad popular. Todos pueden controlar a todos y todos pueden obtener parte de su programa electoral, principalmente en las medidas que más favorezcan a los ciudadanos. Cualquier freno a un avance democrático contará con la oportuna oposición y cualquier medida progresista con el apoyo necesario. Y no sólo por el beneficio general, también por el interesado e intrínseco de cada formación que, en caso contrario, seguirá recibiendo el castigo de las urnas.

Les voy a poner un par de ejemplos. ¿Creen ustedes que con el arco parlamentario actual el rescate de la banca hubiese sido posible en las mismas condiciones? ¿Creen que hubiese podido imponer la ley de empleo del pasado octubre? No.

En mi opinión los resultados de ayer abren un gran abanico de posibilidades y de ventajas. Mucho más difícil de manejar, cierto; pero eso es lo que esperamos de los políticos: que consensuen cada ley, cada acuerdo, cada medida; que se esfuercen en aportar lo mejor de cada uno; que sean hábiles en el regate y eficaces en el área; y que dejen de sestar en los escaños.

Ahora será posible meter mano – en el buen sentido y acierto – a la Constitución. Cambiar la ley electoral, porque la suma de todos contra los dos únicos beneficiados con la actual es superior; mantener el estado del bienestar; perseguir a los corruptos y dignificar la política, eso es lo que el Pueblo ha demandado. Y tantas otras cosas que pueden volver a hacernos creer en la política.

Estoy convencido de que esta mañana de lunes, después de la resaca electoral, algunos partidos tienen la angustia de la responsabilidad atenazándoles la garganta, porque es más cómodo mandar en mayoría o aceptar resignados y cómodos el rodillo del ganador. Ahora todo es posible y en enero, cuando se constituyan las nuevas Cortes Generales habrá que esforzarse desde el primer día, sacar los programas electorales y tratar de que se cumplan a golpe de consenso y de acuerdos. Porque la gente ha creído en estos programas y para eso ha sentado a cuarenta, sesenta y nueve, noventa, o un par de diputados en el Congreso. Eso es Política, con mayúsculas. Lucha, rabia y logros políticos. Democracia participativa, al fin y al cabo. Con un solo vencedor: el Pueblo.

¿Y ahora qué?, no es la pregunta; ahora, es el momento.

CUÉNTAME UN CUENTO

Cuéntame un cuento

¿Quieres decirme, por favor, qué camino debo tomar para salir de aquí?
– Eso depende mucho de a dónde quieres ir -respondió el Gato.
– Poco me preocupa a dónde ir – dijo Alicia.
– Entonces, poco importa el camino que tomes -replicó el Gato.

Lewis Caroll, Alicia en el país de las maravillas

 

 

20d

 

 

 

 

 

 

 

Preguntarse quién ganó el debate del lunes es como adentrarse a través del espejo de Alicia y llegar a un mundo donde los conejos llevan chistera; las eléctricas son un monopolio indecente; existen reinas de corazones en vez de repúblicas del Pueblo; los ladrones de Bankia siguen comiendo setas para crecer y las gentes setas para hacerse tan pequeños que no molesten a los padres de la Patria ni al sombrerero loco.

Preguntarse cómo salir de la actual situación significa tener muy claro a dónde queremos llegar y cuáles son nuestras perspectivas de futuro. El domingo habrá que votar, pero no esperen que yo les diga a quién. Deben ser ustedes quienes elijan. Por fortuna ya conocen lo que es el mundo de Alicia: Rebajas fiscales para todos, si usted gana 10.000€ al mes se ahorrará un buen pellizco  en la renta y si gana 600€, incluidas pagas extras y despido, puede ahorrarse hasta quince euros. Claro que nuestro ejecutivo, banquero o senador no puede beneficiarse del descuento del 25% en la factura de eléctricas y usted, si todos los componentes de su familia están en paro, puede obtener bonificaciones – sólo sobre el consumo – por lo que podrá ahorrarse entre 5 o 6 euros mensuales o más si no pone la calefacción este invierno. También puede esperar la generosidad de la banca en el tema de los desahucios, están tan interesados en su problema como el gato de Alicia.

Si es tan inocente como Alicia, entenderá lo que quieren decir cuando hablan de salvar la Economía. Es cómo la película del soldado Rayan: hay que enviar un pelotón de seis o siete trabajadores para salvar el sueldo y el plan de pensiones de un solo político y a toda una compañía para salvar a un defraudador. Salvar los mercados y al Ibex 35 es primordial, hablar de mantener el estado de bienestar es revolucionario y por tanto peligroso. Y no olviden las pensiones, durante los últimos cuatro años  han aumentado  a costa del fondo de reservas de la Seguridad Social. Seguramente entre tres y siete  euros, pero se han aumentado; aunque ahora ya no podamos tomar el té con Alicia porque el nivel adquisitivo ha bajado y ya ni nos llega para pastas de té. Y ni se les ocurra discutir sobre el rey porque hay cosas prioritarias y así seguiremos siendo siervos cuatro años más ¡por lo menos!

Dónde más puede presumir el Sombrerero es en la creación de empleo. ¡Un millón de puestos de trabajo!, que duran menos que el sueño de Alicia. Son como los naipes de la reina de corazones, un soplido del viento se los lleva por los aires. Permitidme que  sonría como el gato de Cheshire, el famoso gato filósofo del cuento, cuando imagino ciertas promesas mitineras por su parecido semántico a “mintieras”; sin embargo no puedo evitar indignarme de verdad cuando el Sombrerero asegura que hay más estudiantes becados y más jóvenes trabajando.

El domingo tenemos muchas opciones, pero entiendo que se sientan confusos. No deben confundir a Tweedledum y Tweedledee, aunque parezcan iguales, en el fondo se están peleando por el mismo sonajero y la Liebre de marzo es tan de derechas como el Sombrerero. No sé, la verdad, qué aconsejarles, salvo  preguntar a los trabajadores que estos días aumentan los porcentajes de continuidad gubernamental a dónde quieren llegar. A veces, en los cuentos y en las fábulas, está la respuesta.

[Arriba]

Bajo el cielo de París

Origen: Bajo el cielo de París

 

Bajo el cielo de París

He esperado unos días para escribir este artículo porque no quería que la tragedia parisina me influyera demasiado. Tenía que recuperar la perspectiva, la realidad del día después y valorar las consecuencias del paisaje roto por el terrorismo.

 

republique(1)El atentado de París no fue uno más, y eso no significa que no me horrorice por el de Beirut de pocos días antes o por la confirmación de que la caída del Airbus -321 ruso fue también consecuencia de una bomba terrorista. Tampoco porque valore menos las vidas perdidas en actos similares que suceden lejos de nuestros hogares o que la cercanía y los sentimientos que me unen a la capital francesa los conviertan en más abominables. Duele tanto la pérdida de un ser humano inocente en París como en La Meca. Sin embargo, hay algo que ha cambiado después de las masacres parisinas y es la sensación de debilidad de la sociedad europea frente a sus enemigos.

Bajo el cielo de París hemos podido comprobar que nuestras tan costosas libertades se ven amenazadas por la barbarie y el fanatismo de un modo irremediable. No solo han amenazado nuestra libertad individual, esa que nos permite decir lo que pensamos, escuchar la música que nos guste o tomarnos unas cañas cuando nos plazca; también amenazan la ancestral voluntad europea de ser refugio y esperanza para los perseguidos y los sin patria, tratando de convertirnos en una sociedad cautelosa, cerrada y miserable. Y para colmo, obligan a que aquellos derechos que tanto nos ha costado conseguir se restrinjan en función y con la excusa de la seguridad. Por todo ello, los sucesos del sábado no son otros más del largo historial de los descerebrados de banderas negras: son el atentado más serio a las libertades y a los derechos de la  cuna de las democracias.

Lamentablemente  todo esto no es una pesadilla que terminará dentro de unos meses. Tampoco se trata de un hecho más de los  yihadistas del llamado Estado Islámico, el terror está pensado y programado para terminar con un tipo de civilización que es la nuestra. Y no piensen que estoy culpando al Islam y a los musulmanes en general, también ellos están en guerra consigo mismos. El Estado Islámico es suní y odian a los  chiíes tanto o más que a los infieles y tampoco confían en los apáticos. Culpo a los que en nombre de la religión y de las doctrinas, pretenden privar de libertad y pensamiento a la sociedad, sea europea, africana o asiática. Hablo de los intolerantes.

La situación ha llegado a este límite por la falta de visión de los gobiernos occidentales inmersos en seguir manteniendo su influencia y poder político en las zonas en conflicto. Y no solo por motivos estratégicos, también económicos y financieros. Cuando le ha convenido occidente ha “inventado” oposiciones, insurgencias y guerrillas o han apoyado al miserable de turno y a los sectarios más violentos, poniendo en peligro, como estamos viendo, a nuestra propia forma de vida.

El presidente Vladimir Putin, al término de la cumbre del G20, decía que la financiación del Estado Islámico provenía de cuarenta países distintos, varios de ellos presentes en la cumbre. El Estado Islámico gana tres millones de dólares al día con su petróleo, con el tráfico de seres humanos, el robo y la extorsión; y decapita a gente de todas las nacionalidades. El mundo que pretenden destruir les proporciona, armas y explosivos y lo que es peor: fieles combatientes dispuestos a inmolar sus vidas por la yihad. Son, en su mayoría, jóvenes refugiados o hijos de antiguos refugiados que encontraron la libertad y la oportunidad negada en sus propios países, y todos no son seres marginales ni productos del paro o de la segregación. Son gentes convencidas y seducidas por una idea envuelta en odio, dispuestas a inmolarse en función de un combate que no ha hecho más que empezar.”Queremos conquistar París antes de Roma y Al Andalus”, mantienen sus líderes.

Tenemos que prepararnos para una lucha larga y dolorosa y la primera batalla es la de cortarles toda fuente de financiación; desenmascarar a los que les apoyan mientras sientan sus reales posaderas en organismos internacionales; denunciar a los que se lucran vendiéndoles armas o comprándoles petróleo. Y sobre todo, hay que saber  discernir entre los musulmanes que quieren vivir en paz y los yihadistas y para ello deben ser los propios creyentes quienes se desmarquen públicamente de los sectarios, sin tibiezas ni concesiones a los asesinos, porque la paz es el bien más preciado de la Humanidad y si nuestra civilización y nuestras vidas se encuentran en peligro, también lo están las de los musulmanes pacíficos.

Bajo el cielo de París hubo muchas lágrimas el pasado viernes y eso sirvió para despertar la conciencia de Europa,  y por eso fue distinto. Tan terrible como los otros, pero distinto en sus consecuencias

[Arriba]

Tormenta en el Vaticano

 

Un artículo sobre el amor:

Tormenta en el Vaticano.

Tormenta en el Vaticano

Las misteriosas palabras del papa Francisco al pedir perdón por los “escándalos” del Vaticano sin aclarar a cuáles se refería, me llenaron de dudas. Porque no es lo mismo que vayan dirigidas a una pandilla de inmovilistas cardenales, a los indecentes y malditos pederastas ¡qué le contarían en Filadelfia!, o hacia las revelaciones del sacerdote polaco Krzystof Charamsa sobre su homosexualidad y su relación en pareja; porque si este último fuese el caso de referencia o estuviese metido en el saco de los escándalos, debería reflexionar el papa Francisco.

Vi por televisión una entrevista con Charamsa y debo confesar que me pareció un tipo estupendo y enamorado. Si Dios es amor, el teólogo polaco debería ser uno de sus más paradigmáticos embajadores. Amén de su sinceridad el sacerdote habló con valentía, ya que lo hizo en la víspera del sínodo sobre la familia  en el que prelados de todo el mundo debaten sobre temas como el divorció o a la homosexualidad. Espero que las altas jerarquías eclesiásticas se dejen de hipocresías y acepten que todas esas cosas son de esta tierra. Como dijo Charamsa: “Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy: un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de su identidad”.

Lo que sí debe distinguir la Iglesia Católica es entre aquellos de sus representantes que hacen una demostración de amor, libre y sincera,  y otros de los cientos, tal vez miles, de sacerdotes que denigran los valores del cristianismo y practican la violencia y el abuso sexual con niños, con religiosas o con fieles; abusando de su poder, de su posición misionera o de la buena voluntad de los que todavía los aceptan como sus pastores, preceptores o párrocos. Contra todos estos sí que ha de actuar con dureza y decisión el papa Francisco y toda la congregación eclesiástica. Como pregona la ideología cristiana: Sí al amor, y no al abuso y a la perversión sobre inocentes.

Ya sé que la Historia está plagada de malos ejemplos en los que papas, cardenales y obispos, por citar las categorías más altas, abusaron de su poder y su supuesta representación divina; sin embargo, ya va siendo hora de que la Iglesia se enmiende. Es una dura tarea para el papa Francisco, algunos de sus antecesores lo intentaron y acabaron muriendo en extrañas circunstancias, pero habrá que ambicionarlo o dentro de cincuenta años poco quedará de la Iglesia Católica. Me guardaré mucho, como agnóstico, de darle consejos al Santo Padre. Pero tendrá que aceptar que los curas son seres humanos cargados de deseos, y supongo que de amor, y este debería ser un primer paso para que los religiosos, sin distinción de sexos, puedan vivir en pareja y tener sus preferencias sexuales, como cualquiera. Eso sí, con valentía, cara a cara, cuerpo a cuerpo, piel con piel, no en lo obscuro y mancillando honores y mentes infantiles, causando problemas irreparables.

Por eso me confieso partidario de Krzysztof Charamsa y apoyo desde estas líneas su decisión y arrojo. Me parece muy sincera su declaración de amor, como las de Santa Teresa por Jesucristo y las de San Juan de la Cruz por la propia esencia amorosa; porque si no amamos no podemos repartir amor, nadie puede dar lo que no tiene. Sí la Iglesia cambia, tal vez algún día veamos a Charamsa calzar las sandalias del Pescador, feliz y enamorado.

[Arriba]

Gentes maravillosas

Un artículo para iniciar un buen fin de semana. Sed felices.

 

Gentes maravillosas.

 

Gentes maravillosas

A pesar de las religiones, los políticos, los agoreros, los críticos artísticos, los editores miopes, la televisión basura y los mentecatos, nuestra civilización sigue produciendo gentes maravillosas que nos ofrecen la posibilidad de escuchar música celestial sin estar en el cielo; leer a excepcionales autores sin que sus libros sean best seller fabricados en laboratorios literarios; admirar obras de arte que nos llenan los sentidos; o rezar al infinito frente a un árbol o contemplando un amanecer.

 Esas gentes asombrosas viven a nuestro lado, hacen cola en la oficina de empleo o, para nuestra fortuna, comparten sus pensamientos y sus creaciones en tertulias, en la cola del autobús o en el ascensor. Son quienes, día a día, a pesar de los pesares o tal vez gracias a estos, hacen que el mundo avance y se transforme. 

Su credo es la libertad. Libertad para escoger, para amar, para crear, para pensar y para expresarse; si les dejan. Sus enemigos son los de siempre: los poderosos, los dictadores, los fanáticos, los intolerantes, el dinero y el dirigismo, aunque se disfrace de bien intencionado. Si no fuera por estas gentes todos leeríamos los mismos autores, recorreríamos las mismas galerías y los mismos museos, escucharíamos las mismas canciones, haríamos caso, sin razonar, a lo que nos inducen los grandes manipuladores a través de los medios de comunicación convenientemente aderezados de intereses y subvenciones.

Separar el grano de la paja es muy difícil, puesto que el desecho oculta la mies. Sin embargo, es muy reconfortante indagar y saber encontrar el qué, el quién y el cuándo. Descubrir a esa gente especial solo requiere un esfuerzo: pensar.

Sé, queridos lectores, que pido demasiado. Es mucho más fácil que nos den la “verdad” mascada; leer la noticia manoseada y dirigida; cocinar lo que nos digan; y admirar a los becerros dorados. Es más fácil levantar la vista la cielo y suplicar, que tomar al toro por los cuernos y más cómodo tragar que exigir. Lo sé, tener opinión propia está sujeto al peligro de equivocarnos; sin embargo, es tan dulce y jode tanto a los de arriba, a sus aduladores, a los conformistas y a los pelotas, que vale la pena intentarlo.

Admiren al escultor que les plazca; extasíense frente a un paisaje de un pintor callejero; lean poesía reivindicativa y amorosa; escuchen la música del grupo del barrio o los tangos de la abuela; descubran a los autores de las pequeñas editoriales; no compren demasiado papel higiénico: pronto habrán elecciones y mucha propaganda electoral en folletos y carteles; recen a quién quieran o quién les plazca, o mejor no recen: los dioses están sordos; cierren más a menudo la televisión; cómanse una lata de sardinas o un par de piezas de fruta; hablen con los amigos; hagan mucho más el amor y, si les apetece, con sexo; y sobre todo, ríanse, ríanse de todo y con todos. Recuerden que también ustedes pueden ser gente maravillosa.

[Arriba]