Jordi Siracusa

Jordi Martínez Brotons

La corrupción política

HE PUBLICADO ESTE ARTÍCULO EN OTRO MUNDO ES POSIBLE:

CORRUPCIÓN: la corrupción política

Empezamos esta serie de artículos sobre la corrupción por el primigenio de ellos, el fundamental, la madre de todas las corrupciones: la corrupción política. El uso del poder público para beneficiarse social o económicamente es el más detestable de todos, dado a que se ejerce vulnerando la confianza de los administrados en las democracias y añadiendo más injusticia en otras formas de gobierno.

Los culpables argumentan en su descargo que es lícito el enriquecimiento indebido si la acción primordial ha contribuido a un beneficio público. La carga de cinismo de tal tesis está basada en que estos individuos no reconocen que su puesto político no es una propiedad individual, sino un mandato de los gobernados para que desarrollen su trabajo con claridad, trasparencia y al menor coste. Incluso en formas de gobierno autoritarias, el dictador debe desdoblar de su lado dictatorial, su borde (nunca mejor dicho) paternalista y procurar cierto bienestar a sus pueblos. No es de extrañar que, aunque llegados al poder por elecciones democráticas o por entusiasmo popular, muchos políticos se sienten elegidos por la mano de algún dios menor y se resisten a abandonar o transferir el poder.

Por tanto, la más gravosa de las corrupciones que afectan a nuestra aldea global es la que se da en los círculos políticos. El tráfico de influencias, la malversación o el blanqueo de dinero, por poner algunos ejemplos, son comunes en otros tipos de corrupción, como la institucional, la financiera o la empresarial. La prevaricación, el compadreo, el corporativismo o la ineficacia dolosa son habituales en la justicia; la imposición y el abuso de confianza, para obtener beneficios espurios o físicos, son frecuentes en las religiones y sus negocios de trastienda; la insolidaridad, el engaño a la Hacienda Pública o la creación de mafias o lobbies para corromper al poder, son sistemas utilizados por algunos de los “grandes emprendedores” del mundo. Pues bien, la política reúne y amplia todos estos métodos.

Todo se inicia a partir del funcionamiento de los propios partidos políticos. Desde el estrecho de Bering al Índico, desde los Urales a Tierra de Fuego, el sistema no difiere en demasía. Un grupo de mujeres y hombres se unen con el interés de transformar la sociedad en la forma y manera que su ideología les da a entender. Para ello desarrollan o se adhieren a un ideario político en la convicción de que es el mejor camino para la consecución de sus objetivos, es decir: el poder. Y una vez llegados a él, establecer las normas, decretos y leyes que organicen un sistema que aporte felicidad y bienestar a la corporación. A partir de aquí, unos u otros difieren en definir a los corporativistas. Para unos será la Humanidad en toda su extensión; para otros, únicamente los que hablen su lengua o compartan su territorio; para algunos, solamente los que coincidan en creencias o religiones; para el capitalismo, los que sean capaces de crear riqueza… a costa de todos y para unos pocos, exclusivamente para ellos mismos y sus allegados.

Cada uno de estos sistemas tiene su razón de ser, en ello estriba la diversidad, lo que ocurre es que algunos son ejemplo de tolerancia y otros de intolerancia. Y aquí encontramos el primer síntoma de corrupción: Ninguna de las ideologías será sincera. Todos ocultarán, en mayor y menor cuantía, según el territorio y la situación política, sus verdaderas intenciones, y a partir de ahí, ancha es Castilla. El sí pero no; el: “dónde dije, digo, digo Diego”; el “eso no lo haré” o la promesa fácil, serán el disparo de salida para los corruptos.

Todos y cada uno de los pecados “corruptales”, que hemos mencionado, convergerán en la clase política que, además y constantemente, inventará otros. El principal de ellos, en caso de afiliados a una formación progresista, es la traición a los propios ideales, ¿qué quedará después de ser desleal con el ideario, o tal vez es que nunca lo tuvieron? No obstante, el más común de esos pecados es el de la financiación del partido y/o del político que facilita el hecho delictivo. Con estas actitudes es como se construyen aeropuertos fantasmas; se conceden explotaciones mineras; se prolonga la vida de las centrales nucleares; se desforesta; se permite la venta de alimentos adulterados y cancerígenos; se admiten sistemas financieros putrefactos; se procuran beneficios o en su caso, ayudas a la banca; se consiente la extinción de la fauna para la obtención de ganancias empresariales; se potencia el despido libre; se impiden las manifestaciones ciudadanas, se recortan las libertades, las formas de expresión, el derecho a opinar; se crean fondos para reptiles… de dos patas; se destruye el estado del bienestar y se fortalece al capitalismo cagón. Y todo con el consentimiento de la clase política.

A partir de aquí todo vale para mantenerse en el poder y justificar los desmanes. En cualquier latitud tenemos ejemplos más que suficientes. Observad al primer ministro islandés sentado en el banquillo; al pueblo ruso reclamando a Putin sus fraudes electorales; los manejos, a todos los niveles, del caso Gürtel… Detrás de estas acciones está una absoluta falta de honorabilidad, pero también un total desprecio por sus conciudadanos.

Las leyes, las regulaciones financieras y económicas, la vigilancia de las explotaciones contaminantes, la protección de la naturaleza y de los seres vivos que la pueblan, el control de las calidades y el de los beneficios, la educación, la sanidad, la vivienda, un futuro mejor para la ciudadanía, la justicia y el castigo a los infractores, a los defraudadores y a los corrompidos, están en manos de los parlamentos. A los políticos corresponde no permitir tamaños desaguisados. ¿Por qué entonces tenemos la impresión de que están doblegados a poderes externos? La respuesta es sencilla: o los corruptos son más numerosos que los honestos o el poder de los primeros prima sobre los honrados. En todo caso, Medusa, la Gorgona mayor de la corrupción, se ha adueñado de la clase política en general y lo que es peor, nos ha convertido en estatuas de piedra que ignoran lo que ocurre, en mártires de sus manipulaciones o en víctimas de sus represiones.

Sabemos la extensión de la corrupción política: la financiación directa o indirecta a los partidos, los sobornos que llenan el bolsillo de los que únicamente han encontrado la vía de la representación social para enriquecerse, los que aspiran a un puesto de trabajo en la multinacional de turno después de su cargo público, los que anhelan una buena jubilación sin haber dado golpe en el ámbito profesional o los que regodean con la acumulación de cargos y por añadidura de sueldos. Capítulo aparte merecen los holgazanes, bastante numerosos, de hecho hay un axioma que consagra que a nadie han echado de la política por no hacer nada, y aquellos que aún teniendo la vida asegurada, prevarican y estafan con una afición rayana a la usura y al desprecio institucional.

Tenemos que reaccionar matando metafóricamente a Medusa y, como Perseo, evitar mirarle al rostro. Exigiendo a nuestros representantes políticos honradez y honestidad. Si nuestro Estado está bajo una dictadura: rebelándonos; y si tenemos la fortuna de vivir en democracia, reclamando leyes que garantice la trasparencia en la financiación de los partidos, que permitan elegir a los mejores y a los más eficaces, escapando de las mayorías omnívoras y de las listas cerradas a la obediencia partidista y limitando la cifra de los cargos públicos, su redundancia y el número de sus mandatos.

Sería vital la creación de sistemas independientes de control ciudadano sobre el gasto público y de órganos de vigilancia sobre la eficiencia y honradez de los políticos y funcionarios, denunciando a la justicia las irregularidades bajo el amparo de una ley que exigiera la devolución total del dinero y los bienes obtenidos por acciones ilegales y corruptelas varias. Incluso de una auditoria que, al finalizar la legislatura, informara públicamente sobre el cumplimiento del partido gobernante de su programa político, porque también es engaño prometer y no hacer lo imposible por cumplir la palabra dada. Todo realizado por ciudadanos independientes, elegidos, y al margen de cargos públicos, funcionariales o judiciales. Únicamente de esta forma el Pueblo tendría el pleno control.

Eso no significa pervertir el imprescindible sistema de participación de los partidos políticos, muy al contrario, de lo que se trata es de salvarlo. Me consta que en todas las formaciones políticas democráticas hay gentes honradas, buscadlas. Pero no bajéis la guardia, el más honesto puede caer en la tentación de la corrupción y del despotismo; y eso nos volvería a dejar de piedra.

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En defensa de Garzón

La Justica con mayúsculas exige hacer justicia:

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Nuevo artículo en Otro Mundo es Posible: El silencio de los pajaritos

La sitación actual:

EL SILENCIO DE LOS PAJARITOS

Me gustaría tener que dejar de escribir sobre corrupción, mafias, enemigos del pueblo y otras especies que pululan por esta aldea global. Sin embargo estamos tan lejos de una justicia universal que persiga y castigue a los manipuladores, defraudadores y expertos en ingeniería fiscal y económica, que solamente nos queda la denuncia permanente y la observación detallada para saber quién es quién dentro de los trapicheos del capitalismo.

Dicho eso cómo declaración de principios, escribamos, una vez más, sobre engaños, mentiras y enriquecimientos rápidos y presuntamente ilegales. Subrayo lo de presunta y supuestamente, porque tal y como se va a poner la justicia en España, – con las nuevas disposiciones del ministro -para las gentes de a pie, conviene dejar claro que todo lo que escribo es sin ánimo de injuriar y basado únicamente en percepciones de un ciudadano libre.

En realidad me importa un bledo si Camps pagó o no los tan traídos y llevados trajes. Lo importante era su permisividad y aparente complicidad con el caso Gürtel o la entrega de seis millones de euros a la empresa de Urdangarin, por la preparación de un evento deportivo europeo absolutamente inviable. Tampoco me preocupa la amistad de algunas de estas gentes con el actual o el anterior presidente, pero me da rubor conocer sus sueldos y el de tantos otros, cuando me constan sus valores y capacidades profesionales. No entiendo como tantos cargos públicos o ejecutivos de multinacionales y de la banca, cobran varios salarios, cuando la economía y la fiabilidad del País se van al garete por sus nefastas gestiones. Ya en su famosa novela “Las uvas de la ira”, luego llevada al cine por John Ford, decía John Steinbeck: Al final de la escalera, la sucesión de patadas económicas acabaron afectando a los de siempre, a quienes ya antes tenían muy poco, o casi nada. Y yo me pregunto con la misma ira: ¿a cuántas familias se podrían ayudar con las facturas de Nóos, el costo del aeropuerto de Castellón, el de Guadalajara, las salidas nocturnas de directores generales con chofer emprendedor y tantos y tantos despropósitos en toda la geografía?

Y sigo preguntándome. ¿Cómo unos pocos son capaces de engañar a tantos? ¿Cómo seguimos admirando, respetando y votando a – los siempre supuestos – incapaces, prevaricadores y manipuladores de turno? Tal vez porque, en el fondo, forman una cofradía que se auto protege, regida por los silencios y basada en la leyenda del pajarito que paso a relatarles a continuación.

En un hermoso y lejano paraje, supongamos que siberiano, un pajarito se entretuvo jugueteando con la flores, mientras que sus congéneres emigraban hacía las tierras cálidas del Sur. Cuando quiso darse cuenta empezó a nevar copiosamente. Tratando de elevar el vuelo salvador, cayó al suelo abatido por el peso de la nieve en sus pequeñas alitas. El pajarito, cubierto por el blanco manto, hubiese muerto a no ser por un hermoso alce que, percatándose de lo que sucedía, se acercó al pobre pájaro que piaba lastimosamente y entonces defecó sobre el ave. Al contacto con el caliente detritus el pajarito revivió y pió alegremente. Un lobo blanco de las estepas, que por allí pasaba, escuchó el alegre piar del ave y acudió al lugar; amorosamente retiró con su lengua el estiércol, lamió los excrementos y limpió al pajarillo… y una vez que lo tuvo bien limpio se lo zampó.

De esa leyenda, nuestros supuestos amigos, aprendieron a sacar tres valiosas conclusiones. La primera: en política el que te ensucia no significa necesariamente que te quiera mal, tal vez lo hace porque aprendió de ti o de otros de mayor eminencia; la segunda, que los que te lamen y miman, no significa que te quieran bien, quizás lo hacen por su propio interés; y tercera y la más importante: cuando estés en la mierda… no píes, no píes.

Esta fábula, determinados colegios, lobbies, apellidos, dinastías o círculos sociales han servido a muchas de estas gentes, en ocasiones de generación en generación, para que, el silencio de los pajaritos mientras se revuelcan por los excrementos, nos impida oír a nuestra razón.

Creo que ha llegado el momento de gritarles que vayan lamiendo sus propias vergüenzas… y cuando estén limpios, nos los zamparemos.

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Nuevo artículo en “Otro Mundo”

Otro regalo de Reyes:

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NOCHE DE REYES

Entre todas las noches mágicas es imprescindible destacar la Noche de Reyes. El porqué parece obvio: es la noche que más ilusiona a los niños, la más personal para esos locos bajitos. Claro que la epifanía es una fiesta ligada a una religión concreta y por tanto excluyente para otros credos. Sin embargo, millones de infantes se regocijaran en todo el mundo con la visita de tres magos orientales y eso, amados lectores, es motivo suficiente para sentirnos felices, puesto que una sonrisa infantil es más explícita que cualquier palabra.

Según la leyenda, certificada por los Evangelios, tres magos, advertidos por una estrella-cometa se pusieron en camino para honrar al Cristo libertador, con tres presentes: oro, incienso y mirra. El primero de ellos, cuyo nombre en latín aurum, tiene una bella acepción poética en su traducción: “brillante amanecer”, le fue entregado como rey. El segundo, el incensum, le fue ofrecido como Dios, puesto que las resinas aromáticas vegetales que lo componen se utilizan, habitualmente, para ser quemadas con fines religiosos y por casi todas las creencias. Por último, la mirra, la recibió como hombre, puesto que esta resina se utiliza para elaborar perfumes, medicinas y se usaba para embalsamar a los muertos, tres necesidades muy humanas: la apariencia, la curación y el destino final. Ninguno de los tres presentes era de desdeñar y aunque parezca que el oro era lo importante, los otros dos no le iban a la zaga; en el inventario del botín de la toma de Gaza por las tropas de Alejandro Magno, entre los preciosos objetos del saqueo se mencionan 500 talentos de incienso y 100 de mirra.

Hasta aquí lo que todo el mundo sabe, lo que nos han contado. No obstante, quedan preguntas en el aire. Entendemos que el incienso purificador fue utilizado para el Templo, tal vez el día de la circuncisión de Jesús; la mirra, muy probablemente, para los ungüentos en el entierro de José el carpintero, del que nada vuelven a decir los Evangelios, más interesados en la figura de María o en las idas y venidas del Espíritu Santo. ¿Qué pasó con el oro? No tenemos respuesta a la pregunta, pero conociendo aquella sociedad, tan parecida a la actual, seguro que fue a parar a los bolsillos de los prestamistas, los recaudadores, los sumos sacerdotes o de los fariseos. La prueba es que la familia del carpintero fue siempre humilde. En resumen, el oro para el César de turno, el incienso convertido en humo de rogativas y la mirra para nuestro entierro. Nada nuevo bajo el sol.

Sin embargo nos queda el consuelo de la visita anual de los magos de Oriente, que contra viento y marea y aunque les cierren el Estrecho de Ormuz, llegarán puntuales. Nadie puede asegurar que eran reyes – así se ahorraron los yernos imputados – tampoco sabemos si siguieron observando a las estrellas y si descubrieron una lejana constelación. Sí sabemos que siguen llenando de ilusión y de esperanza a los niños del mundo y si hacemos caso del adagio que mantiene que, interiormente, seguimos siendo niños, todos tenemos el derecho de escribir nuestra carta a los magos… por si acaso.

La mía, amigos, sería breve, les pediría la piedra filosofal para poder darle a la Humanidad la fórmula magistral que permita sociedades más justas y más igualitarias. Pero por si acaso, por si se pierde la carta, por si la intercepta algún servicio secreto, por si los políticos o los financieros la utilizan como papel higiénico, vayamos preparando nuestras reivindicaciones… que hay mucho carbón.

Escrito por Jordi Siracusa - Etiquetas: 

Nuevo artículo de Rebelde

En “Otro Mundo es Posible” y en mi habitual columna de Rebelde con Causa, tenéis un artículo dedicado al tiempo y al destino, pero sobre todo, a nuestra actitud frente a ellos:
http://www.otromundoesposible.net/el-tiempo-es-nuestro

Además el escrito está ilustrado por un dibujo de mi socia y amiga Carmen Muñoz.

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