Mes: Diciembre 2015

¿Y AHORA QUÉ?

¿Y ahora qué?

La noche electoral dio alguna sorpresa, más de una satisfacción, indignación por la injusticia de la ley que la regula y sobre todo, la constancia de que el bipartidismo ha cedido votos, espacio y asientos a los nuevos partidos emergentes cambiando la fisonomía política del país y obligando a imaginar otro escenario muy distinto al que hasta ahora había tenido la política española. Sobresaltados, muchos se preguntan: ¿Y ahora qué? Ahora, amigas y amigos lectores, es el momento de que se imponga la democracia participativa.

Ni el bloque de la llamada derecha ni el de la denominada izquierda pueden formar un gobierno mayoritario. Tampoco, aunque lo digan y repitan muchas voces, es posible convocar nuevas elecciones. Y no es posible porque el partido todavía en el gobierno y el mayoritario de la oposición verían mermarse, aún más, sus pírricos resultados; y eso no les conviene. Menos perspectivas tiene cualquier pacto antinatura ni siquiera esgrimiendo dudosas razones de estado. Por tanto, no les queda otro remedio a todos que apechugar con lo que el Pueblo ha dicho en las urnas.

 

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Para un gran número de ciudadanos, analistas políticos y medios de comunicación – convenientemente dirigidos y subvencionados -, la actual situación es ingobernable. Son todos aquellos acostumbrados a las mayorías absolutas y que aceptan lo que impone el mandatario de turno a fuerza de escaños. Son los partidarios del dirigismo formal que facilita la gobernabilidad pero también los excesos, la corrupción y las decisiones partidistas. Es la política de la consulta olímpica, es decir, cada cuatro años y que permite, dada su idiosincrasia y nombre, pasarse por el arco del triunfo lo que opina la gente.

Los resultados de ayer obligan a los partidos a alejarse de los pactos de gobierno por imposibles o por inconvenientes y abrir una perspectiva histórica menos cómoda, pero más audaz y más comprometida con la voluntad popular. Todos pueden controlar a todos y todos pueden obtener parte de su programa electoral, principalmente en las medidas que más favorezcan a los ciudadanos. Cualquier freno a un avance democrático contará con la oportuna oposición y cualquier medida progresista con el apoyo necesario. Y no sólo por el beneficio general, también por el interesado e intrínseco de cada formación que, en caso contrario, seguirá recibiendo el castigo de las urnas.

Les voy a poner un par de ejemplos. ¿Creen ustedes que con el arco parlamentario actual el rescate de la banca hubiese sido posible en las mismas condiciones? ¿Creen que hubiese podido imponer la ley de empleo del pasado octubre? No.

En mi opinión los resultados de ayer abren un gran abanico de posibilidades y de ventajas. Mucho más difícil de manejar, cierto; pero eso es lo que esperamos de los políticos: que consensuen cada ley, cada acuerdo, cada medida; que se esfuercen en aportar lo mejor de cada uno; que sean hábiles en el regate y eficaces en el área; y que dejen de sestar en los escaños.

Ahora será posible meter mano – en el buen sentido y acierto – a la Constitución. Cambiar la ley electoral, porque la suma de todos contra los dos únicos beneficiados con la actual es superior; mantener el estado del bienestar; perseguir a los corruptos y dignificar la política, eso es lo que el Pueblo ha demandado. Y tantas otras cosas que pueden volver a hacernos creer en la política.

Estoy convencido de que esta mañana de lunes, después de la resaca electoral, algunos partidos tienen la angustia de la responsabilidad atenazándoles la garganta, porque es más cómodo mandar en mayoría o aceptar resignados y cómodos el rodillo del ganador. Ahora todo es posible y en enero, cuando se constituyan las nuevas Cortes Generales habrá que esforzarse desde el primer día, sacar los programas electorales y tratar de que se cumplan a golpe de consenso y de acuerdos. Porque la gente ha creído en estos programas y para eso ha sentado a cuarenta, sesenta y nueve, noventa, o un par de diputados en el Congreso. Eso es Política, con mayúsculas. Lucha, rabia y logros políticos. Democracia participativa, al fin y al cabo. Con un solo vencedor: el Pueblo.

¿Y ahora qué?, no es la pregunta; ahora, es el momento.

CUÉNTAME UN CUENTO

Cuéntame un cuento

¿Quieres decirme, por favor, qué camino debo tomar para salir de aquí?
– Eso depende mucho de a dónde quieres ir -respondió el Gato.
– Poco me preocupa a dónde ir – dijo Alicia.
– Entonces, poco importa el camino que tomes -replicó el Gato.

Lewis Caroll, Alicia en el país de las maravillas

 

 

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Preguntarse quién ganó el debate del lunes es como adentrarse a través del espejo de Alicia y llegar a un mundo donde los conejos llevan chistera; las eléctricas son un monopolio indecente; existen reinas de corazones en vez de repúblicas del Pueblo; los ladrones de Bankia siguen comiendo setas para crecer y las gentes setas para hacerse tan pequeños que no molesten a los padres de la Patria ni al sombrerero loco.

Preguntarse cómo salir de la actual situación significa tener muy claro a dónde queremos llegar y cuáles son nuestras perspectivas de futuro. El domingo habrá que votar, pero no esperen que yo les diga a quién. Deben ser ustedes quienes elijan. Por fortuna ya conocen lo que es el mundo de Alicia: Rebajas fiscales para todos, si usted gana 10.000€ al mes se ahorrará un buen pellizco  en la renta y si gana 600€, incluidas pagas extras y despido, puede ahorrarse hasta quince euros. Claro que nuestro ejecutivo, banquero o senador no puede beneficiarse del descuento del 25% en la factura de eléctricas y usted, si todos los componentes de su familia están en paro, puede obtener bonificaciones – sólo sobre el consumo – por lo que podrá ahorrarse entre 5 o 6 euros mensuales o más si no pone la calefacción este invierno. También puede esperar la generosidad de la banca en el tema de los desahucios, están tan interesados en su problema como el gato de Alicia.

Si es tan inocente como Alicia, entenderá lo que quieren decir cuando hablan de salvar la Economía. Es cómo la película del soldado Rayan: hay que enviar un pelotón de seis o siete trabajadores para salvar el sueldo y el plan de pensiones de un solo político y a toda una compañía para salvar a un defraudador. Salvar los mercados y al Ibex 35 es primordial, hablar de mantener el estado de bienestar es revolucionario y por tanto peligroso. Y no olviden las pensiones, durante los últimos cuatro años  han aumentado  a costa del fondo de reservas de la Seguridad Social. Seguramente entre tres y siete  euros, pero se han aumentado; aunque ahora ya no podamos tomar el té con Alicia porque el nivel adquisitivo ha bajado y ya ni nos llega para pastas de té. Y ni se les ocurra discutir sobre el rey porque hay cosas prioritarias y así seguiremos siendo siervos cuatro años más ¡por lo menos!

Dónde más puede presumir el Sombrerero es en la creación de empleo. ¡Un millón de puestos de trabajo!, que duran menos que el sueño de Alicia. Son como los naipes de la reina de corazones, un soplido del viento se los lleva por los aires. Permitidme que  sonría como el gato de Cheshire, el famoso gato filósofo del cuento, cuando imagino ciertas promesas mitineras por su parecido semántico a “mintieras”; sin embargo no puedo evitar indignarme de verdad cuando el Sombrerero asegura que hay más estudiantes becados y más jóvenes trabajando.

El domingo tenemos muchas opciones, pero entiendo que se sientan confusos. No deben confundir a Tweedledum y Tweedledee, aunque parezcan iguales, en el fondo se están peleando por el mismo sonajero y la Liebre de marzo es tan de derechas como el Sombrerero. No sé, la verdad, qué aconsejarles, salvo  preguntar a los trabajadores que estos días aumentan los porcentajes de continuidad gubernamental a dónde quieren llegar. A veces, en los cuentos y en las fábulas, está la respuesta.

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Salvando al Planeta Azul

Salvando al Planeta Azul

París bien vale una misa o bien vale una conferencia de dos semanas si se trata de salvar al planeta Tierra. Los 195 países reunidos llegaron a un acuerdo contra el calentamiento global. El pacto establece al fin un techo para las emisiones de efecto invernadero y establece un sistema de cuotas para financiar a los países emergentes que exigían su posibilidad de desarrollo industrial.

 

La tierra

El presidente francés François Hollande, anfitrión de la conferencia, ha bautizado al acuerdo como: El pacto universal de la historia de las negociaciones climáticas. Dos efemérides a tener en cuenta: el pacto en sí, y un acuerdo entre 195 países; algo muy poco común en el mundo actual y en todo los tiempos. El sentido común ha prevalecido y las naciones han entendido que hay que conservar nuestro medio ambiente, porque con ello garantizamos que nuestro Planeta Azul lo seguirá siendo para las futuras generaciones.

El peligro del calentamiento global y las alarmas sobre el cambio climático no eran meras especulaciones. Tal y como lo  advertía la Organización Mundial de la Salud, los fenómenos meteorológicos extremos a causa de la degradación medioambiental son la causa de decenas de miles de muertes cada año, y como siempre, son los más pobres quienes sufren las mayores consecuencias.     También lo denunciaba la  Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO): “El calentamiento global impacta en la seguridad alimentaria y la agricultura de todos los países, especialmente en las zonas áridas y en los pequeños Estados insulares en desarrollo donde viven muchos de los pobres y hambrientos del mundo”, tal y como apunta en su libro: Cambio climático y sistemas alimentarios:http://www.fao.org/news/story/es/item/294414/icode/

En su texto final el pacto reivindica como  primer objetivo que el  aumento de la temperatura media del planeta a final de siglo quede  por debajo de los inquietantes dos grados centígrados, que significaban el desastre ecológico. Conseguir  que al despertar del nuevo siglo no se hayan rebasado los 1,5 sería todo un éxito. Y aunque  cada país  podrá fijar sus propios guarismos para recortar las emisiones de gases de efecto invernadero, sin límites establecidos ni vinculantes, será obligatorio presentar  proyectos para reducir y limitar estas emisiones. No obstante, todos los países  están obligados a llegar lo antes posible a un techo en sus emisiones  siendo los países desarrollados quienes primero deban hacerlo. Eso permitirá que los países en vías de desarrollo tengan más tiempo. Sin prisa, pero sin pausa.

Eran ya muchas voces las que se unían en las peticiones que ahora se ven satisfechas por los acuerdos de la conferencia parisina. Voces que no hacían más que anunciar un apocalipsis que parecía inevitable. Al fin, París, ha sido una fiesta.

Quiero incluirles el texto original  en inglés de los acuerdos, porque estos, amigos lectores, se trata de un documento histórico del que podemos sentirnos orgullosos:http://ep00.epimg.net/descargables/2015/12/12/a49a77f74a2a65430acab895fb24d28e.pdf

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Un debate importante

Origen: Un debate importante

 

Un debate importante

El tan esperado debate de Atresmedia con los cuatro posibles candidatos, – Soraya lo personificó para sus votantes después de la huida de Rajoy -, y que se anunciaba como el “debate definitivo” fue tan solo un debate más, pese a la buena puesta en escena del programa y a la eficacia de los presentadores, Ana Pastor y Vicente Vallés, moderando bien y preguntando con atino. En particular la pregunta y aclaración de Ana Pastor a Soraya, que se iba por las ramas, sobre el incremento espectacular de independentistas en Catalunya. Un debate más… pero importante.

De pie, sin subterfugios ni multimedia, en pelotas mentales frente a los votantes, los cuatro se repartieron casi equitativamente el tiempo para contar sus propuestas. Como debe ser para quienes pretenden gobernar al Pueblo.

 
Son cuatro candidatos con juventud, presencia y buena información, si bien, únicamente Soraya tiene experiencia en el gobierno y su prepotencia. Es una nueva generación política, y bienvenida sea si con ella lleva la regeneración como bandera. Esta falta de tablas se notó en alguno de los participantes sobre todo a Albert Rivera que al principio se mostró nervioso, en Pedro Sánchez que respondió a las primeras cuestiones un tanto acelerado, incluso en Pablo Iglesias que cometió algunos errores sobre conocimientos políticos. La más segura fuese la vicepresidenta, acostumbrada a estas alturas a lidiar con lo más difícil y a explicar lo que no tiene explicación;  no obstante, la traicionó su cinismo al hablar de corrupción porque, ella lo sabe bien, el PP está metido hasta las cejas; como ejemplo cito su insensata tozudez por meter en el mismo cajón el tema de Monedero que el de toda la retahíla de corruptos de su partido, que incluyen los mayores sinvergüenzas del reino.

Como supongo que habrán leído, el orador que a la postre hizo más propuestas fue Pedro Sánchez. No podía ser de otra forma porque el Partido Socialista tiene la mayor experiencia de gobierno, sin embargo, se preguntaba Pablo Iglesias por qué estas medidas que ahora se proponen no se pusieron en marcha cuando los socialistas podían hacerlo y ese es el verdadero hándicap que tienen los de Pedro Sánchez, porque sus estructuras siguen estando anquilosadas por rescoldos de dirigentes amancebados con el capitalismo y nuevos valores cuya peor actitud es la de querer imitar a sus “mayores”…, si Pedro no lo remedia. Mucho lastre para el socialista que se defendió de los ataques progresistas de Pablo mencionado torpemente a los dirigentes de Syriza, porque poco tiene que ver Grecia con España. Brillante en su exposición sobre la creación de empleo con los tres tipos de contrato, cuando reprochó al actual gobierno que haya dejado la caja de la Seguridad Social casi vacía o cuando respondió a Soraya – que presumía de haber evitado el rescate -, que lo de la banca también había sido un rescate y a costa de todos; sin embargo, se apagó cundo le preguntaron las diferencias sobre el Estado de las Autonomías y un Estado Federal, donde podía haberse lucido.

La frescura política de Albert Rivera habría podido darle mucho más juego, estuvo genial al mostrar la portada de El Mundo sobre los sobresueldos de Rajoy, pero se empecinó en desmarcarse de todo el mundo postulándose como la solución idónea y lanzando una cortina de humo cuando se le preguntó por los pactos. Cualquiera de los candidatos sabe que no tendrá mayoría absoluta, pero tratan de postergar su disposición en los acuerdos postelectorales para tratar de captar más votos. La que más mintió al respecto fue Soraya que, confiada en que el PP va a recibir más votos que nadie, insistió en que gobierne el partido más votado, ocultando que, le guste o no, tendrán que pactar. Porque nadie se cree que se marchen del gobierno ganando las elecciones, así de rositas.

Por su parte Pablo Iglesias hizo las propuestas más progresistas de la noche sobre el empleo, los impuestos, el fraude fiscal o el coste salarial de los políticos. Valiente con su exposición sobre la necesidad de un referéndum en Catalunya, y que fue contestada por los otros tres, agarrándose a la Constitución y a sus artículos, sin mencionar que el famoso 149, apartado 32 donde dice que  el Estado tiene como competencia exclusiva en: La  autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum, posibilita a que autorice un plebiscito sin necesidad cambiar la Constitución.  Con aceptar la consulta de modo informativo y no vinculante se hubiesen ahorrado muchos disgustos, pero seguramente hubiesen defraudado a muchos de sus incondicionales. También fue muy valiente Iglesias con su rotundo: No a la guerra.

A tenor de lo escuchado ayer ¿qué separa realmente a los unos de los otros? En mi modesta opinión hay cuatro puntos diferenciales que deben tenerse en cuenta:

La eliminación drástica de la corrupción y del fraude fiscal, en el PP hay muy poca intención real de hacerlo. Hay que obligar a devolver el dinero y evitar más amnistías fiscales que no van a ninguna parte, salvo a los bolsillos de los defraudadores. Disminución de los beneficios extraordinarios de los políticos: sueldos elevados, planes de pensiones, viajes y comidas, que es otra forma de corrupción políticamente admitida.

Referente a los impuestos, rechazar la pretendida reducción del PP, en la que los  más ricos ven reducido sus impuestos sobre sus grandes ingresos, mientras los trabajadores se benefician del mismo porcentaje sobre  sueldos cada vez más bajos. La oferta más acertada es la de  Podemos que pretende subir los impuestos y la escala a partir de los 60.000€ y exigir la revisión de IVA, a la alza o a la baja, según productos. Sobre todo una drástica reducción del IVA cultural.

En el empleo, rechazar los contratos basura del PP y la propuesta de Albert Rivera del contrato único,  porque esto significaría el despido libre y a la postre se convertiría, de nuevo, en contratos efímeros porque se despediría a los trabajadores con menos antigüedad. Parece mucho más eficaz la propuesta socialista de tres únicos tipos de contrato.

En la búsqueda de un país administrativamente más dinámico y eficaz. Estableciendo competencias claras entre las administraciones para evitar duplicidades y anular de una vez por todas las diputaciones provinciales, órganos cuyos servicios deben estar cubiertos por ayuntamientos y gobiernos autonómicos. Convertir el Senado en una verdadera cámara territorial de concierto autonómico y estatal. Reduciendo en un 50% sus componentes. En estas medidas cada partido tiene su propia visión porque merma, sobre todo en los dos que han ejercido el poder hasta ahora, su capacidad de poder repartir puestos y sillones.

En resumen, fue solo un debate más; pero importante. Porque las propuestas y los planteamientos estaban dirigidos a la captura del voto indeciso y en la mente de todos eso fue lo más presente. Se confirmó la bisoñez de algunos de los aspirantes y el lío que se montará el día 21, porque habrá que hacer muchos números y muchas concesiones. Puede darse el caso, como está ocurriendo en Catalunya, que algún partido poco votado tenga la llave del gobierno y pueda sacar su programa adelante o puede darse un apoyo a tres bandas, pero nunca una mayoría suficiente para gobernar sin pactos ni coaliciones. Está muy claro que el ganador por puntos, es decir, por número de diputados, será el partido del gobierno, pese a la corrupción,  a beneficiar con los impuestos a los que más tienen,  al fracaso en Catalunya, al empleo precario y barato, a los rescates bancarios,  a las limitaciones y recortes de las pensiones y a tantas cosas mal hechas; porque el miedo, las amenazas de la economía, la risa de la banca, el conformismo y la vulgaridad alcanzan a una mayoría que acepta el actual estado de cosas y a pesar del debate de ayer, prefieren lo malo conocido que lo bueno por conocer. Y así nos va.

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