Mes: octubre 2015

Poema: La viuda del mar

Tormenta en el Vaticano

 

Un artículo sobre el amor:

Tormenta en el Vaticano.

Tormenta en el Vaticano

Las misteriosas palabras del papa Francisco al pedir perdón por los “escándalos” del Vaticano sin aclarar a cuáles se refería, me llenaron de dudas. Porque no es lo mismo que vayan dirigidas a una pandilla de inmovilistas cardenales, a los indecentes y malditos pederastas ¡qué le contarían en Filadelfia!, o hacia las revelaciones del sacerdote polaco Krzystof Charamsa sobre su homosexualidad y su relación en pareja; porque si este último fuese el caso de referencia o estuviese metido en el saco de los escándalos, debería reflexionar el papa Francisco.

Vi por televisión una entrevista con Charamsa y debo confesar que me pareció un tipo estupendo y enamorado. Si Dios es amor, el teólogo polaco debería ser uno de sus más paradigmáticos embajadores. Amén de su sinceridad el sacerdote habló con valentía, ya que lo hizo en la víspera del sínodo sobre la familia  en el que prelados de todo el mundo debaten sobre temas como el divorció o a la homosexualidad. Espero que las altas jerarquías eclesiásticas se dejen de hipocresías y acepten que todas esas cosas son de esta tierra. Como dijo Charamsa: “Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy: un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de su identidad”.

Lo que sí debe distinguir la Iglesia Católica es entre aquellos de sus representantes que hacen una demostración de amor, libre y sincera,  y otros de los cientos, tal vez miles, de sacerdotes que denigran los valores del cristianismo y practican la violencia y el abuso sexual con niños, con religiosas o con fieles; abusando de su poder, de su posición misionera o de la buena voluntad de los que todavía los aceptan como sus pastores, preceptores o párrocos. Contra todos estos sí que ha de actuar con dureza y decisión el papa Francisco y toda la congregación eclesiástica. Como pregona la ideología cristiana: Sí al amor, y no al abuso y a la perversión sobre inocentes.

Ya sé que la Historia está plagada de malos ejemplos en los que papas, cardenales y obispos, por citar las categorías más altas, abusaron de su poder y su supuesta representación divina; sin embargo, ya va siendo hora de que la Iglesia se enmiende. Es una dura tarea para el papa Francisco, algunos de sus antecesores lo intentaron y acabaron muriendo en extrañas circunstancias, pero habrá que ambicionarlo o dentro de cincuenta años poco quedará de la Iglesia Católica. Me guardaré mucho, como agnóstico, de darle consejos al Santo Padre. Pero tendrá que aceptar que los curas son seres humanos cargados de deseos, y supongo que de amor, y este debería ser un primer paso para que los religiosos, sin distinción de sexos, puedan vivir en pareja y tener sus preferencias sexuales, como cualquiera. Eso sí, con valentía, cara a cara, cuerpo a cuerpo, piel con piel, no en lo obscuro y mancillando honores y mentes infantiles, causando problemas irreparables.

Por eso me confieso partidario de Krzysztof Charamsa y apoyo desde estas líneas su decisión y arrojo. Me parece muy sincera su declaración de amor, como las de Santa Teresa por Jesucristo y las de San Juan de la Cruz por la propia esencia amorosa; porque si no amamos no podemos repartir amor, nadie puede dar lo que no tiene. Sí la Iglesia cambia, tal vez algún día veamos a Charamsa calzar las sandalias del Pescador, feliz y enamorado.

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Gentes maravillosas

Un artículo para iniciar un buen fin de semana. Sed felices.

 

Gentes maravillosas.

 

Gentes maravillosas

A pesar de las religiones, los políticos, los agoreros, los críticos artísticos, los editores miopes, la televisión basura y los mentecatos, nuestra civilización sigue produciendo gentes maravillosas que nos ofrecen la posibilidad de escuchar música celestial sin estar en el cielo; leer a excepcionales autores sin que sus libros sean best seller fabricados en laboratorios literarios; admirar obras de arte que nos llenan los sentidos; o rezar al infinito frente a un árbol o contemplando un amanecer.

 Esas gentes asombrosas viven a nuestro lado, hacen cola en la oficina de empleo o, para nuestra fortuna, comparten sus pensamientos y sus creaciones en tertulias, en la cola del autobús o en el ascensor. Son quienes, día a día, a pesar de los pesares o tal vez gracias a estos, hacen que el mundo avance y se transforme. 

Su credo es la libertad. Libertad para escoger, para amar, para crear, para pensar y para expresarse; si les dejan. Sus enemigos son los de siempre: los poderosos, los dictadores, los fanáticos, los intolerantes, el dinero y el dirigismo, aunque se disfrace de bien intencionado. Si no fuera por estas gentes todos leeríamos los mismos autores, recorreríamos las mismas galerías y los mismos museos, escucharíamos las mismas canciones, haríamos caso, sin razonar, a lo que nos inducen los grandes manipuladores a través de los medios de comunicación convenientemente aderezados de intereses y subvenciones.

Separar el grano de la paja es muy difícil, puesto que el desecho oculta la mies. Sin embargo, es muy reconfortante indagar y saber encontrar el qué, el quién y el cuándo. Descubrir a esa gente especial solo requiere un esfuerzo: pensar.

Sé, queridos lectores, que pido demasiado. Es mucho más fácil que nos den la “verdad” mascada; leer la noticia manoseada y dirigida; cocinar lo que nos digan; y admirar a los becerros dorados. Es más fácil levantar la vista la cielo y suplicar, que tomar al toro por los cuernos y más cómodo tragar que exigir. Lo sé, tener opinión propia está sujeto al peligro de equivocarnos; sin embargo, es tan dulce y jode tanto a los de arriba, a sus aduladores, a los conformistas y a los pelotas, que vale la pena intentarlo.

Admiren al escultor que les plazca; extasíense frente a un paisaje de un pintor callejero; lean poesía reivindicativa y amorosa; escuchen la música del grupo del barrio o los tangos de la abuela; descubran a los autores de las pequeñas editoriales; no compren demasiado papel higiénico: pronto habrán elecciones y mucha propaganda electoral en folletos y carteles; recen a quién quieran o quién les plazca, o mejor no recen: los dioses están sordos; cierren más a menudo la televisión; cómanse una lata de sardinas o un par de piezas de fruta; hablen con los amigos; hagan mucho más el amor y, si les apetece, con sexo; y sobre todo, ríanse, ríanse de todo y con todos. Recuerden que también ustedes pueden ser gente maravillosa.

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